21/03/2019


Política, una cuestión de comunicación


Algunos plantean la comunicación como un asunto pendiente que debe profundizarse, una tarea confusa a cumplir casi por decreto como si se tratase de un boceto mágico predeterminado. Asumirlo así, sin métodos ni valoraciones correctas, no sólo nos hundiría en la ignorancia, sino que además nos mantendría a merced de los victimarios.
La comunicación es una práctica compleja indispensable para el desarrollo de cualquier proceso y demanda una atención analítica apasionada en función de las necesidades, cualesquiera que sean.
Entendiendo el Estado como una comunidad comunicacional que concibe sus formas de configuración política de acuerdo a cómo evolucionan sus formas de comunicarse (el uso de redes sociales hoy, por ejemplo), evidenciamos que el estímulo de lazos comunicativos, las políticas informativas, los diálogos políticos y afines, son determinantes para el curso que toma la sociedad.
Quizás pueda parecer que estas transformaciones o evoluciones tienen que ver más con factores culturales, pero lo cierto, es que la identidad cultural por sí sola, no define la comprensión de los procesos sociales ni determina la transformación de la sociedad, la base cultural es un componente, sí, pero su activación implica agudos procesos comunicacionales.
El contexto comunicacional que apoya o no a un gobierno, tiene el poder de sostenerlo o derrumbarlo.
El autor de teoría política occidental David Hume, filósofo del siglo XVIII, escribió en sus Ensayos sobre Moral, Política y Literatura (ed. 1963:29) que “No hay nada que sustente a los gobernantes sino la opinión. Es por tanto sobre la opinión sobre lo único que el gobierno se sustenta”.
En esa afirmación, Hume no se refiere a la comunicación como tal, sino a la expresión de lo que hoy entendemos por opinión pública, y más en concreto por su significado político.
Hablar de opinión pública, implica saber cómo la expresamos, cómo la procesamos, cómo la canalizamos, y la forma de comunicarla puede orientar, respaldar u obstaculizar al gobernante. Si se toma una decisión gubernamental técnicamente adecuada pero la opinión pública le da una valoración negativa, esa decisión parecerá mala por muy buena que sea y viceversa. El curso que tome esa comunicación, depende -por supuesto- de los criterios o más bien, de los intereses políticos de los que están en el gobierno/poder y de los que anhelan conquistarlo.
Para hacer notar al gobernante el sentir popular, es indispensable la constitución de procesos comunicativos. Sin ello, resultaría inconcebible la cotidianidad del escenario político, cuestión que aplica para cualquier tipo de gobierno y en nuestro caso particular, para la situación actual económica y social venezolana.
Un par de citas del escritor Javier del Rey, afirman lo siguiente:
“La comunicación es, en efecto, el recurso fundamental de la política y una de las categorías básicas de la democracia” “la política es una cuestión de comunicación, en la que los mensajes generados por el líder político, el partido o el gobierno, tienen que contrastarse con los mensajes que llegan desde la realidad, es decir, de la economía, de los sindicatos, de la patronal empresarial, de otros partidos o de otros gobiernos” y debo agregar, del pueblo.
Quizás le hagan falta ciertas adaptaciones revolucionarias a esas concepciones, pero son sin duda, concepciones muy congruentes, cuya comprensión es vital para un ejercicio de la política más acertado.
La comunicación política no es precisamente espontánea o azar, no es inerte, se piensa, y debe asumirse como una acción estratégica obligatoria hasta volverla habitual. Debe exponerse, estudiarse, debatirse y dominarse. Es esa la clave fundamental de cómo concebimos todo y cómo hacemos que el pueblo conciba todo.


Por Cindy Orlenys (desde Venezuela),
Resumen Latinoamericano



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