La comunicación política española, ¿un modelo propio o una adaptación del modelo estadounidense?


SÁNCHEZ MEDERO, RUBÉN

Como veleta, en unas páginas ensalza las virtudes de las redes sociales y en las siguientes critica que “la gente…no quiere profundizar en ningún tema porque…se conforma con los 140 caracteres que en Twitter se ofrecen para sentirse informado”. En un principio afirma que gracias a Internet existe una nueva relación entre gobernantes y gobernados, y al final cita a Sartori para aseverar que “el ciudadano medio carece del tiempo, conocimiento, capacidad y motivación necesarios para seguir las argumentaciones complejas”. Y agrega: “el gobernado actúa con pereza atendiendo sólo unas cuantas señales o imágenes que difunden los medios”. Así de contradictorio.

En primer lugar, debemos tener claro que las formas modernas de campaña vienen determinadas por la conversión de los medios de comunicación en un poder autónomo, capaz de seleccionar los temas de debate público, fijar los criterios de evaluación de las actividades políticas. La información escapa de la mano de los partidos políticos y de las instituciones. La información de tipo coyuntural (short-term), que anteriormente sólo estaba al alcance de un sector restringido, se hace accesible a toda la población, y con ello aumenta la probabilidad que los votantes la tengan en cuenta. Pudiendo influir en su percepción de la política, por lo que su control y gestión resulta de vital importancia para los partidos…

Este aumento de la visibilidad política trae importantes perturbaciones en el funcionamiento de los partidos, la competencia electoral o la acción de gobiernos. Esta fuerte presencia de los medios de comunicación ha hecho que la atención mediática sobre la actuación de los políticos sea cada vez mayor. Una atención de la que se deriva un creciente cuidado de las manifestaciones públicas de los mismos. Fundamentalmente porque los ciudadanos confían más en quiénes fabrican y presentan las noticias día a día que en aquellas que son sus principales protagonistas. Es decir, la confianza en los medios por delante de los gobiernos (Rospir, 1995: 371).

Surge una imperiosa necesidad en los partidos y los políticos de comunicar de una manera efectiva sus propuestas y de gestionar sus activos a diario. No obstante los políticos no son necesariamente expertos en comunicación y marketing. Es por ello que las organizaciones políticas recurren a la contratación de expertos externos a los que se encargan estas tareas.

Creándose equipos estables en sus estructuras organizativas, además de la mencionada contratación de personal externo. Una profesionalización que se traduce en la pérdida de control sobre la comunicación y la cesión de espacio a expertos en comunicación, relaciones públicas y publicidad (Holtz-Bacha, 2003: 141).

En este sentido, la mediatización afecta al trabajo de los gobernantes y su conducta en los asuntos públicos, al acentuar la preocupación por visualizar su acción y las consecuencias que se pueden derivar en términos de popularidad. Es por ello que afecta también a las condiciones de reclutamiento del personal político.

Previamente a este momento, las características personales de los candidatos no tenían tanta importancia como su trayectoria política, manteniéndose su vida privada y rasgos personales en un segundo lugar (Gangas, 2005: 5). Sin embargo, en la actualidad, el candidato desempeña un papel fundamental en el desarrollo de la campaña electoral, debe ser el centro de toda actividad y el principal activo en lo que se refiere a la comunicación. Se erige como el elemento más importante, expresión viviente del resto de los factores electorales, el partido y el programa, y reflejo de los deseos y necesidades del mercado electoral. La elección de un candidato es una de las labores más complejas de la ejecutiva de cualquier partido, un fracaso en la elección del mismo puede suponer la ineficacia de toda la campaña y el desprestigio del partido (Barranco Saiz, 2003: 139).

Jóvenes, internet y política: la red nuevo espacio de participación- JOSÉ MIGUEL ROCA

Según el informe, la gente joven está aprovechando todo el potencial que tiene Internet como nuevo espacio de relación e interacción, sin intermediarios, y está mostrando que se puede hacer política de otra manera. La conclusión es que Internet es un espacio de “nueva política”.

La comunicación del poder. Una visión nada romántica de la comunicación politica- MARIO RIORDA

Y entenderla así, en una versión nada romántica, es también separarla de visiones o paradigmas de décadas atrás. Desde mediados del siglo pasado, la comunicación estaba fuertemente subordinada a las instituciones. Luego, en las últimas décadas del siglo pasado, ya en épocas de un electorado móvil, aumenta la profesionalización y la comunicación política se adapta a las noticias. También es la época, siguiendo a una agenda dominada por los medios, donde la comunicación política era centralmente una actividad cercana a las relaciones públicas. Cualquier buen manual consideraba una herejía la confrontación con el periodismo, especialmente en sistemas con medios dominantes. La política ha entendido cabalmente que en su ámbito no era un actor exclusivo y excluyente de otros, sino que otros actores, la prensa incluida, jugaban dentro de la política. Por ende, la política también entiende que el sistema de medios tampoco es excluyente ni exclusivo de las empresas de comunicación, y por eso decidió jugar en ese terreno…

LIBRO: MANUAL DE COMUNICACIÓN POLÍTICA Y ESTRATEGIAS DE CAMPAÑA

Ismael Crespo, Antonio Garrido, Ileana Carletta y Mario Riorda

En la reseña se destaca que la comunicación es una interacción constante de símbolos que se transforman en hechos comunicables; siempre que haya política habrá -al menos potencialmente-comunicación. Es ahí donde el rol de la comunicación política adquiere una importancia particular ya que sus actores tienen limitaciones de carácter temporal para interactuar de manera veloz y dinámica, en búsqueda de un resultado determinado.

Esta interacción entre los actores sociales se vuelve más intensa en épocas electorales y en una era de evidente proliferación y complejidad de los diferentes sistemas de medios. La comunicación política rescata mucho de lo aprehendido en su historia reciente, pero ya no es la misma.

Permite relacionar a los candidatos con los electores en una vinculación donde los medios de comunicación son el medio -pero a su vez también el espacio- que reproduce y resignifica de modo constante esa relación.

 



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